Bum … bum … bum … en las ruinas de Mordheim una mujer entra, agonizante y ensangrentada, buscando un lugar en el que esconderse, cuál será el temor que le empuja a adentrarse en esa maldita ciudad.
Las bandas, codiciosas y locas, buscan las pocas riquezas y restos de piedra bruja que se pueden encontrar en recónditos lugares, y algún que otro divertido enfrentamiento.
Bum … bum … bum, todos se detienen, algún desalmado cazador de brujas se acerca a la enloquecida mujer ante la atenta mirada de poseídos y kislevitas que permanecen escondidos esperando el momento propicio para un buen ataque.
Bum … bum … bum … los elfos, cuyos oídos perciben lejanos sonidos, miran hasta dónde su audaz vista les permite sintiendo como el pelo en su nuca se eriza.
Bum … bum … bum … el matatrolls detiene a su banda alzando el puño, siente el vibrar del suelo.
Bum… bum … bum, cada vez las fuertes pisadas se sienten más cercanas, algún ave levanta el vuelo mientras el gran Alvarfañez de Minaya mira a su escudero Sanchito frunciendo el ceño…
Bum … bum … bum… el jefe de los cazadores agarra a la mujer por los hombros, la sacude intentando terminar así con su locura — ¡Calla de una vez mujer! — sentencia con una mirada inquisidora — alertarás con tus gritos a las ratas — aquel rostro ávido de terror se torno a una risa esquizofrénica — no son las ratas a las que debéis temer cazador — con un seco empujón se separó del hombre, comenzó a mirar a su alrededor empezando a narrar, a los oyentes escondidos en las ruinas de Mordheim, el motivo que le había llevado allí …
— No solo en las entrañas del bosque se esconden goblins y orcos, no, algo más habita bajo las sombrías ramas de los árboles. Aquellos pobres que escaparon de Mordheim intentaron asentarse en los alrededores de la ciudad, el río Stir les proporcionaba agua y la tierra, algo arcillosa y rica en nutrientes, les ofrecería el cultivo perfecto para obtener alimentos y recuperar su antaño estilo de vida pero… los sueños de los hombres son frágiles y su arrogancia les hace débiles.
— En las noches frías y largas, cuando la vida y el alma de los mortales mengua, en las entrañas de la tierra comienzan a rugir tambores y hachas, bramidos anuncian el comienzo de la marcha con las que tiemblan las piedras del camino.
— Los dormidos mordhenienses ven turbado su sueño con los primeros gritos de aquellos que despertaron con la carga de las fieras. No hacen distinción, esas bestias, mitad humano mitad animal, no miran si uno es joven o viejo, hombre o mujer … decapitan, desmiembran, devoran todo aquello que se pone en su camino, nada ni nadie será un impedimento en su propósito… hacerse con las piedras del caos y devolverlas a la manada.
La mujer tuvo que detenerse un instante, el agotamiento y la pérdida de sangre le estaban arrebatando la vida por momentos, con torpes pasos se sentó en la seca fuente del centro de la calle, la cordura había vuelto a ella, al igual que las lágrimas…
— Con esas horribles bestias hay un grupo, son solo diez pero parecen más… son las Bestias de los siete círculos de Be´Lakor … no tienen miedo, ni piedad, ¡Nada!. Sólo ansia de sangre, sólo ansia de muerte … son el arma de esos locos, el gran señor del Caos los manda para facilitarle el paso a los que vienen detrás. ¡Su juego es cazarnos! ¡Somos su presa! … van acompañados por esos descomunales perros que con solo un silbido son capaces de devorar a un niño de un bocado… esos enormes toros que hacen temblar el suelo y matan a un hombre robusto de una sola embestida… los espeluznantes hombres cabra que parecen reír cada vez que entre torturas matan a alguien … o esa extraña hembra, de esbelta apariencia, que tarda en soltar el hachazo puesto que, lo que le atrae, son los gritos pidiendo clemencia.
El cazador de brujas, con silenciosos gestos de manos, ordenó a todos los de su banda que se pusieran en posición, no solo ellos lo hicieron, las demás bandas se detuvieron en su cometido para poder obtener un lugar ventajoso frente a la próxima pelea.
Bum … bum … bum — ya vienen — murmuró la mujer que, tras su último suspiro, cayó al suelo con la mirada hacía la entrada de la calle. El jefe de los cazadores de brujas, ya en un lugar seguro, miró hacía al mismo punto. Mientras la mujer contaba su historia se empezaron a escuchar los gruñidos y bramidos junto con el sonido del metal al chocar.
El cráneo se deshizo cuando aquella robusta pezuña lo pisó sin miramiento. Ante la mirada de su caudillo Amor, el inmenso bestigor Luvart apartó el cuerpo de la mujer tras arrancarle un brazo que empezó a comer, el otro bestigor, Belfegor, miró a su alrededor olfateando, dibujo una sarcástica sonrisa observando de reojo a Carnivale, la esbelta hembra de la que la mujer habló, que asintiendo preparó el hacha junto al otro gors, Asmodeo.
Dos pequeños ungors, los hermanos Verrine y Eillet, saltaban y hacían piruetas con sus hachas entreteniendo así al chamán Balberith, aquella extraña criatura de cuerpo verdoso y rostro calavérico reía con un sonido ahogado.
Amor acarició a los dos perros que protegían sus flancos, Belial y Abadon. Analizando el entorno y tras una mordaz sonrisa agarró sus armas con fuerza — Que empiece el juego.